Antes de entregarse para la consumación de Su sacrificio, Jesús el Cristo celebra con Sus Discípulos la Sagrada Cena, en la que los discípulos reciben de manos del Maestro el pan y el vino, que simbolizan el cuerpo y la sangre de Cristo.
Ev de Mateo 26, 26-29
Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: “Tomad, comed, este es mi cuerpo”. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: “Bebed todos de ella, porque esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel que lo beba con vosotros, de nuevo, en el Reino de mi Padre”.
O sea que el Maestro Jesús sabía lo que le iba a ocurrir y se despidió de sus discípulos.
El sabía que en la crucifixión iba a recibir la cuarta iniciación, la Renunciación, que significa renunciar a la materia. Ya había transmutado toda su materia en espíritu y estaba preparado para recibir esa alta iniciación y por lo tanto no volvería a ver físicamente a sus discípulos hasta que ellos llegaran de vuelta a su Fuente de Origen, la casa del Padre.
Así es Ana. Gracias 🌹