Considerar a Jesús como un ser humano que en vida manifiesta Su Divinidad requiere analizar profundamente las connotaciones de Su vida, la elección y naturaleza de Sus padres, la Concepción Virginal de Jesús, Su nacimiento en Belén, la adoración de los Magos de Oriente, la huida de la familia a Egipto, la infancia de Jesús y, finalmente, Su vida oculta, haciendo mención a los “Manuscritos de Issa, el mejor de los hijos del hombre”, nombre con el que se conocía y conoce a Jesús en Oriente, que describen una historia de Jesús diferente a la que nos han transmitido en Occidente.